Si las dudas, las comparaciones constantes y el miedo a no estar con la persona correcta están robándote la paz, es posible que estés lidiando con algo más que una simple indecisión. Es lo que se conoce como ansiedad relacional y puede causar estragos en tu relación de pareja.
La ansiedad relacional se manifiesta con dudas constantes sobre la relación, sobre la pareja, sobre las sensaciones que deberíamos tener al estar con nuestra pareja, sobre nuestros sentimientos hacia ella, miedo a no haber tomado la decisión correcta, culpa por sentirnos y dudar, vergüenza o incapacidad para disfrutar de momentos en pareja.
Además, esto puede traer muchos conflictos y problemas de inseguridad en la otra parte, lo cual acrecenta el problema.
¿Y si no quiero lo suficiente a mi pareja?
Este pensamiento es un ejemplo típico de las preocupaciones que le asaltan a una persona con ansiedad relacional. El pensamiento llega y se siente tan real como el título de esta sección.
Puede que incluso se te note en cómo te comportas el momento en el que este pensamiento llega. Te desconectas de lo que está pasando y la preocupación y la culpa toman el control, generando así más distancia y problemas en la pareja.
Algunos de los pensamientos más frecuentes son:
- ¿Y si no estoy enamorada/o lo suficiente?
- ¿Estoy perdiendo el tiempo?
- ¿Y si aparece alguien mejor?
- Con mi ex todo era más intenso
- ¿Y si mi pareja nota que no estoy lo suficientemente enamorado/a?
Si le prestamos atención a estas dudas es fácil que comencemos a comparar a nuestra pareja con otras personas, que nos pongamos en situaciones hipotéticas que probablemente nunca sucedan y que comencemos a catastrofizar.
Pero, ¿por qué sucede esto? Para entenderlo primero tenemos que hablar de los pensamientos intrusivos.


¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Los pensamientos intrusivos están en el origen de lo que te ocurre.
Los pensamientos intrusivos son ideas, imágenes o impulsos que aparecen en tu mente de forma repentina, no deseada (como intrusos que no han sido invitados) y que causan una profunda angustia. En el contexto de las relaciones, estos pensamientos suelen centrarse en la duda.
No se trata de los altibajos normales de una relación. Cuando aparecen se genera el siguiente ciclo:
- Obsesionarte con la «prueba»: Buscar constantemente una sensación de «estar 100% segura/o» o «sentir la chispa correcta» para confirmar que tu relación es válida. Comienzas a vigilar cualquier sensación física o detalle que te de pistas o pruebas de qué es lo que sientes.
- Comparar sin cesar: Contrastar a tu pareja o tu relación con ideales de películas, otras parejas, ex parejas, o incluso con personas que apenas conoces.
- Rumiar el pasado: Analizar y reanalizar cada palabra, gesto o momento de la relación buscando fallos o señales de que «no funciona».
- Aumenta la ansiedad: paradójicamente, estos comportamientos lejos de tranquilizarte, provocan un aumento de la ansiedad.
- Comenzamos a vigilar más de cerca nuestros pensamientos: la ansiedad nos pone en «modo alerta» y así volvemos a comenzar el ciclo: hipervigilamos nuestros pensamientos y cuando aparecen pensamientos de duda volvemos a obsesionarnos con ellos.
Conforme este ciclo se va repitiendo se va haciendo más y más fuerte. La gran paradoja es que cuanto más intentas evitar o luchar contra estos pensamientos, más fuertes y frecuentes se vuelven.
¿Dejo mi relación o el problema es mío?
Mucha gente cree que si duda tanto, es porque la relación es mala o no es la correcta. Sin embargo, a menudo la duda es el síntoma, no la causa.
Lo más importante será que un profesional evalúe tu caso de forma personalizada para averiguar qué hay detrás de esas dudas continuas, ansiedad, altas expectativas, intolerancia a la frustración o una relación que no funciona.
Cuando hablamos de ansiedad relacional, el problema no está en la relación si no en que tu cerebro está en «modo de alarma», y está usando tu relación (algo muy valioso para ti) como el foco de su miedo.
El mecanismo es el siguiente:
- Obsesión con el pensamiento): Surge un pensamiento intrusivo (ej. «No siento amor ahora mismo, ¿significa que no la/lo amo?»).
- Ansiedad (La Emoción): Este pensamiento genera una intensa angustia y miedo a la ruptura o al error.
- Compulsión (La Acción): Para calmar esa ansiedad, se realizan actos o «comprobaciones» (ej. Poner a prueba a la pareja, buscar artículos en internet, preguntarle a amigos, repasar mentalmente los recuerdos bonitos).
- Alivio Temporal y Refuerzo: La comprobación ofrece un alivio momentáneo, pero a largo plazo, enseña a tu cerebro que el pensamiento es una amenaza real que necesita ser resuelta, reforzando así el ciclo del problema.
¿Cuál es el tratamiento de la duda obsesiva?
La buena noticia es que, como cualquier patrón de pensamiento, este se puede modificar. El camino no es buscar la certeza, sino aprender a tolerar la incertidumbre y a distinguir entre pensamientos y realidad.
- Etiqueta el Pensamiento, no la Relación
Cuando aparezca la duda, di para ti misma/o: «Ah, mira, es mi pensamiento intrusivo sobre la relación» o «Esta es mi ansiedad relacional haciendo su trabajo». Separa el pensamiento de la realidad de tu amor. El pensamiento es ruido; no es un hecho, por lo tanto pon foco en el aquí y en el ahora y no tanto en lo que tú mente te está diciendo en este momento.
- Evita la Comprobación Compulsiva
Identifica tus rituales de comprobación (revisar la galería de fotos, leer horóscopos de pareja, buscar «síntomas de desamor»). Cuando sientas el impulso, no actúes. Permanece con la incomodidad de la duda por un momento; es un músculo que hay que entrenar.
- Enfócate en la Acción, no en el Sentimiento
En lugar de esperar a sentirte 100% segura/o, pregúntate: ¿Cómo me estoy comportando en esta relación? Si tus acciones reflejan compromiso, respeto y cariño, céntrate en eso. El amor es más una acción y una elección que un sentimiento constante e inamovible.
4. Busca Ayuda Profesional
Si sientes que estos pensamientos están controlando tu vida, es el momento de buscar a un profesional de la salud mental especializado que evalúe tu caso y te de herramientas personalizadas. A veces, pedir ayuda es lo más recomendable, para eso estamos los profesionales de la salud mental.
